martes, 23 de mayo de 2017
ALBERTO MARVELLI
por obf
Un verdadero antiguo Antiguo Alumno Salesiano: "buen cristiano y honrado ciudadano"

ALBERTO MARVELLI (1918-1946)
Beato

Alberto Marvelli nace el 21 de marzo de 1918 en Ferrara, el segundo de siete hermanos. Cuando se traslada a Rimini con su familia comienza a frecuentar el Oratorio salesiano. Siempre disponible, hace de catequista y animador: el brazo derecho de los salesianos. Le gusta y practica todo tipo de deportes.
Toma como modelos a Domingo Savio y a Pier Giorgio Frassati.
A los 17 años escribe en su diario un proyecto de vida, que irá renovando con el correr del tiempo. Entra en el grupo oratoriano de la Acción Católica, llegando poco tiempo después a ser su presidente parroquial. Ejerce su cargo en la Iglesia de Rímini como vicepresidente diocesano de la AC.
Estudiante de ingeniería en Bolonia, participa activamente en la FUCI, siempre fiel, aunque con sacrificio, a la Eucaristía diaria. En junio de 1942 obtiene su graduación y empieza a trabajar en la Fiat de Turín. Presta su servicio militar en Trieste y logra arrastrar a la Eucaristía a muchos de sus compañeros.
Durante la segunda Guerra Mundial se hace apóstol entre los desalojados y una verdadera providencia para los pobres. Después de la entrada en Rímini de los aliados es nombrado Asesor Municipal del Departamento de alojamiento y reconstrucción e ingeniero responsable de Trabajos Públicos: “Los pobres, que pasen en seguida – decía; los otros pueden esperar”. Acepta la participación en las listas de la Democracia Cristiana. Reconocido por todos como cristiano comprometido, pero no faccioso, tanto que un adversario comunista diría de él: “No importa que pierda mi partido. Me basta con que el alcalde sea el ingeniero Marvelli”. El obispo lo nombró presidente de los graduados católicos.
La devoción mariana y la Eucaristía fueron verdaderamente los dos pilares de su vida: “¡Qué nuevo mundo se me ha abierto contemplando a Jesús Sacramentado – escribe en su diario -. Cada vez que me acerco a la santa Comunión, cuando Jesús entra en mí con su divinidad y su humanidad, en contacto con mi alma, es como un fuego de santos propósitos, como una llama ardiente que consume y que me hace tan feliz!”. Murió atropellado por un camión militar el 5 de octubre de 1946. Fue, como quería Don Bosco, un buen cristiano y honesto ciudadano, comprometido con la Iglesia y con la sociedad, con un corazón salesiano. Cuando era joven, hizo suyo el lema: O vivir creciendo o morir.

Beatificado el 5 de Septiembre de 2004

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