lunes, 23 de octubre de 2017
Volver a Don Bosco
por Mateo González
Al inicio del sexenio José Rodríguez Pacheco habla para el Boletín Salesiano
 

Desde el pasado 22 de julio es el nuevo inspector de León. Natural de Torneiros de Allariz (Ourense), licenciado en Teología y en Ciencias Químicas, su vida salesiana se ha desarrollado en Oviedo, Vigo, y A Coruña y ha estado marcada por el impulso de la pastoral juvenil en colegios y centros juveniles. Cercano y con gran capacidad de relaciones, conoce bien el ámbito escolar pues era coordinador de Escuelas en la Inspectoría de León, además de vicario inspectorial y delegado para la Familia Salesiana.
 

¿Cómo han ido estos primeros meses como inspector? ¿Qué palabras de aliento has recibido?
Como ya veníamos trabajando en un equipo muy coordinado, pues, normales. La gente es más buena de lo que parece. Todos te animan y prometen oraciones; lo que es de agradecer.

¿Qué indicaciones has recibido del Rector Mayor al comienzo de esta etapa?
Nuestro Rector Mayor es sin duda el gran animador de todos. Frente a todas las dificultades y reparos que le pones siempre encuentra una respuesta inmediata. Te deja desarmado, y acaba convenciéndote de que es una labor que no depende sólo de tu valía personal.

¿Cuáles crees que son los rasgos que caracterizan a la Inspectoría Salesiana de León?
El ser sencilla y acogedora. Nuestras obras no son espectaculares. Como me decía hace años un salesiano de A Coruña: “las riquezas de los salesianos son los salesianos”. Lo podríamos extender a toda la Familia Salesiana y decir que “lo mejor de la Inspectoría de León son las personas que la forman: salesianos, grupos de la Familia Salesiana, profesores, animadores, voluntarios. Todos”.

Con el Capítulo Inspectorial, a la vuelta de la esquina, ¿qué proyectos tiene el nuevo Consejo para el sexenio?
Nuestra prioridad no puede ser otra que buscar la manera de revitalizar el carisma de don Bosco en cada una de nuestras presencias. No es lógico proponernos como meta el cómo redimensionar nuestras presencias dada nuestra disminución o el aumento de edad. Somos más de doscientos salesianos y en torno a doce mil de familia salesiana, cuya preocupación fundamental debe ser la de hacer vivo al don Bosco del siglo XXI en este noroeste de España en el que nos encontramos.

¿Qué se puede hacer para reforzar la identidad carismática y la pasión apostólica en la Inspectoría de León?
Lo que nos proponemos como lema de nuestro próximo Capítulo Inspectorial: “Volver a don Bosco”.

Te ha tocado, últimamente, seguir los pasos hacia una mayor calidad educativo-pastoral en los colegios de la Inspectoría. ¿En qué se traduce?
Todos nuestros centros tienen ya la certificación oficial y el que inauguramos este año ya ha comenzado también el proceso. En esto hay que destacar el trabajo de coordinación llevado a cabo por el Equipo de Seguimiento de Calidad Inspectorial. Como Inspectoría hemos optado por el Sistema de Gestión de Calidad, porque vemos en él un medio para mejorar la gestión y la educación de nuestros colegios. Desde la calidad cabe coordinar mejor todos los ámbitos del centro, incluido lo pedagógico, la pastoral y la atención a los más necesitados. Tenemos todos muy claro, y así se lo hemos indicado a nuestros asesores y empresa certificadora, que no buscamos “sellos de calidad”, sino mejorar nuestra labor educativo-pastoral.

Como conocedor de los grupos de la Familia Salesiana desde dentro, ¿qué quisieras pedirles a sus componentes para este momento?
Que nos ayuden y se impliquen con nosotros en este “volver a don Bosco”. No habrá Capítulo Inspectorial si no hay Capítulo local. Y no será posible “volver a don Bosco” en cada una de nuestras presencias si no involucramos a todos aquellos con los que llevamos adelante nuestra tarea, con los que compartimos espíritu y misión.

Tú que has tenido un papel muy activo en una de las épocas más florecientes de los centros juveniles de la Inspectoría, ¿qué nuevos retos o fronteras divisas para este ambiente?
Nuestros centros juveniles tienen las mismas dificultades que las demás asociaciones juveniles. Nuestro peligro es quedarnos en simple alternativa de entretenimiento. Eso lo pueden hacer otros. Disponen de más medios. Nuestros centros juveniles quieren ser una alternativa real de educación en el Tiempo Libre. Es ahí donde se socializan los valores y donde nuestro Proyecto Educativo-Pastoral puede alcanzar su plenitud evangelizadora. Esto depende fundamentalmente del equipo de animadores con que cuente cada uno de nuestros centros. Ahí es donde se lo juega todo un centro juvenil: la formación y la madurez ilusionada de sus animadores. La formación y el acompañamiento de éstos han de ser nuestra principal preocupación.

La educación en la fe en nuestra sociedad nos exige ser creativos en propuestas pastorales, ¿qué caminos no hemos transitado lo suficiente para estar más cerca de los jóvenes más pobres? ¿Hacia dónde va la Inspectoría en este aspecto?
Nuestra Fundación JuanSoñador tiene tres años de vida. Es el sueño y el empeño de toda la Familia Salesiana de la Inspectoría. Sus objetivos se hacen realidad en todas nuestras obras. Evitar la exclusión de nadie y ayudar a cuantos están al borde de la marginación a recuperar esperanza y posibilidades. Para ellos, principalmente, hemos de ser como ese “cayuco” que les lleve al horizonte soñado, a ese futuro al que tienen derecho. Estamos empeñados en proyectar el sueño de don Bosco.

De cara al próximo Capítulo Inspectorial has cuidado especialmente lo referente a la necesidad de convocar a jóvenes para que vivan la experiencia carismática de don Bosco ¿Eres optimista en este tema? ¿O no es cuestión de optimismo?
Los jóvenes siguen siendo “la patria de los salesianos”, “nuestro lugar de encuentro con Dios”. Ellos son la razón de ser de nuestra Congregación y de cada una de nuestras vidas. Partiendo de esto no cabe optimismo o pesimismo. Ellos son quienes nos han dicho que siguen necesitando a don Bosco y a los Salesianos. Hemos de estar con ellos, allí donde se encuentren, y descubrir cuáles son sus necesidades, sus expectativas, sus esperanzas, sus posibilidades de entrega. Don Bosco contó con ellos y supo hacer de ellos los principales evangelizadores de sus compañeros.

¿No es esto optimismo?
Ni optimismo ni pesimismo. Yo lo llamo esperanza. Y, ¡ojo!, no somos personas de esperanza si sólo somos capaces de ver en ellos lo negativo y estamos siempre añorando otros tiempos, cual funcionarios de la cultura del lamento. Don Bosco era capaz de descubrir en cada joven que se le acercaba ese principio de bondad que le ayudaba al propio joven a descubrir y desarrollar lo mejor de sí mismo. No nos podemos quedar en la superficie, en las primeras apariencias.

Para terminar. Sé que hay una idea que repites mucho a los jóvenes sobre eso de los sueños.
Sí. Es muy simple y sencilla de decir. Hay que descubrir el “sueño” que Dios tiene para la humanidad, para cada uno de nosotros. Hay que soñar, sí; pero hay sueños que se quedan en ronquidos y sueños que se hacen realidad.¡Estamos llamados a hacer realidad nuestros sueños, el sueño de don Bosco!
Mateo González

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