miércoles, 24 de mayo de 2017
El coraje de Mamá Margarita
por Mateo González
El inspector habla de Mamá Margarita en su saludo a los lectores del Boletín Informativo de noviembre
Cuenta Teresio Bosco en la presentación de su libro sobre Mamá Margarita que, hace unos años, acompañaba al entonces cardenal Joseph Ratzinguer y al arzobispo Tarsicio Bertone a visitar los lugares de Don Bosco en Valdocco (Turín).
Se detuvieron en la zona donde estaba el huerto de mamá Margarita, en el que ella cultivaba las verduras y pimientos que constituían el plato fuerte para Don Bosco y sus muchachos, y les comentó aquella anécdota más o menos conocida por todos nosotros:

Era allá por el año 1850 e italianos y austriacos andaban liados en guerra (la primera guerra de la independencia italiana). Para no perder a los jóvenes que iban a jugar por aquellos prados, organiza el “gran juego de la guerra” en el prado del Oratorio. Los muchachos que formaban el “ejército vencido” en la huida invaden el huerto que queda devastado. Aquella noche, cuando los chicos se habían a costado y madre e hijo se emplean en coser y zurcir los rotos de la ropa que cada día dejan a los pies de la cama para encontrarla arreglada al día siguiente, Mamá Margarita deja por un momento la aguja y susurra: “Juan, estoy cansada. Déjame volver a I Becchi. Soy una pobre vieja (62 años de entonces).No resisto más. Déjame ir a pasar los últimos días entre mis nietecitos”. Don Bosco quedó atenazado y no fue capaz de articular palabra. Sólo levantó la mano indicando el crucifijo que colgaba de la pared. La madre entendió y se inclinó de nuevo sobre las camisas rotas y los pantalones agujereados.

El autor se permitió comentar al Cardenal: “Si existe la santidad de los éxtasis y de las visiones, existe también la de las ollas que limpiar y de los pantalones que remendar. Mamá Margarita fue una santa así”. Siguieron caminando y ya subiendo a las habitaciones de Don Bosco, el Cardenal se detiene y le dijo con vivacidad: “Pero, ¿por qué no habéis hecho santa a esta madre?”.

“Eminencia, -le respondió- usted sabe que en el Vaticano, hasta no hace mucho tiempo, las madres de familia no eran tenidas en tanta consideración”. Levantó el brazo derecho y lo bajó tajante: “Pero, ahora han cambiado muchas cosas”, dijo. Y continuaron el recorrido.

Muchas cosas han cambiado. El entonces Cardenal es hoy Benedicto XVI y en el verano del 2005 reiteró: “es de tal modo evidente la santidad de Mamá Margarita, que ni siquiera haría falta todo el proceso”.

En el Ángelus de este domingo, 12 de noviembre, sabiendo que están presentes los salesianos cooperadores del congreso que están celebrando en Roma les saluda e indica que pronto –el próximo día 15- mamá Margarita será declarada Venerable.

El 25 de este mes hace 150 años que murió la buena mamá del Oratorio. La lloró D. Bosco y la lloraron todos los chiquillos y jovencitos de Valdocco, sobre todo los que allí estaban acogidos (casi un centenar) a los que ella cuidaba especialmente. No hubo flores ni publicidades y fue enterrada en la fosa común. No había dinero para más. Jamás tuvo una lápida.

Pero su recuerdo, su influencia ahí quedó para siempre en la obra de su Juan. Hoy todo el mundo acepta que sería muy difícil explicar el Sistema Preventivo y muchos de los elementos constitutivos de la personalidad y de la Obra de D. Bosco sin Mamá Margarita.

Hay “madres coraje” en la literatura y hay una Mamá Margarita de carne y hueso que estuvo en los cimientos de una obra que hoy se extiende por todo el mundo: los Salesianos y la Familia Salesiana. Ella fue la primera salesiana cooperadora. En sus rodillas nació la Congregación Salesiana y la Familia Salesiana.
  • Coraje demostró a sus 29 años, viuda y con cuatro personas a su cargo: sus dos hijos José (4 años) Juan de dos, Antonio –el hijo de su marido, de 9- y la suegra, minusválida de 65. Coraje, cuando tiene que enviar a su pequeño Juan a servir a una Granja para evitar los problemas surgidos del agrio temperamento de Antonio, a quien molestaba que el más pequeño quisiera estudiar.
  • Coraje para dejar a su hijo ir a Chieri en medio de la pobreza en que vivían, sin saber cómo pagarían la pensión.
  • Coraje para decirle, en el día en que Juan se ordena de sacerdote, que si algún día llega a ser rico no pisará las puerta de su casa.
  • Coraje para, a sus 58 años, en el otoño de 1856, acompañar a su hijo, recién recuperado de un grave agotamiento, para ayudarle en lo que hiciera falta en Valdocco.
  • Coraje para insinuar la posibilidad de hospedar en casa a aquel primer interno empapado hasta los huesos, después de la experiencia de aquellos que poco antes se habían llevado las mantas.
  • Coraje, ánimo y amor entrañable para dedicar hasta el último momento de su vida a aquellos muchachos que llegaban a Valdocco porque no tenían casa ni familia que les acogiera. Ella colaboró en la creación de ese ambiente en el que se respiraba un auténtico clima de familia, en el que se transmitían valores auténticos.
Podríamos seguir enumerando muchos detalles. Os invito a que leáis el libro al que hacía referencia al principio: VIDA DE MAMÁ MARGARITA. La mamá de Don Bosco. Edit. CCS.2006.
El sábado, 18 de noviembre, la Familia Salesiana de A Coruña-Don Bosco, promovido por los Antiguos Alumnos, aprovechando que hace también 90 años del Colegio y 80 del comienzo de su Asociación, pondrán una Placa-Recuerdo junto al Monumento a su hijo en el Paseo Marítimo. Seguro que es el primero de esta efemérides. Les felicitamos por la iniciativa.

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