jueves, 27 de julio de 2017
Respuesta a un SoŮador
por Mateo GonzŠlez
Texto de Carlos Di Cicco
El Rector Mayor de los Salesianos el 31 de enero de 2007, en ocasión de la fiesta de Don Bosco celebrada en el mundo entero, envió desde Roma una carta dirigida a los jóvenes del MJS.
 
La carta ha llegado. Pertenece a esas raras misivas que, de conocer su contenido, quisiéramos recibir con frecuencia. Porque ofrecen una compañía en la dureza de la vida. Y aclaran las nubes sobre un futuro siempre más inquietante. La escribe a los jóvenes el “sucesor de un soñador”. El soñador no es un cualquiera, sino Don Bosco, y la firma es de don Pascual Chávez Villanueva, su 9º sucesor.
 
Ha pensado escribirla “casi como una nueva carta de Roma” refiriéndose a la escrita por Don Bosco desde la capital en 1884 para despertar en los salesianos del tiempo el espíritu originario del primer oratorio, que rodaba en torno al sistema preventivo centrado en la amabilidad. Es decir, en el método infalible para abrir un diálogo eficaz con los jóvenes y hacer que para ellos sea interesante también la propuesta del Evangelio. Por eso la nueva “Carta de Roma” firmada Chávez habla a los jóvenes pero habla no menos a los adultos. A los jóvenes les propone horizontes de vida y de esperanza para que se dediquen con esmero a construir un mundo nuevo frente a aquel en que vivimos con zozobra. La Carta llama en causa en forma indirecta a los educadores, especialmente salesianos, actualizando en el hoy la experiencia educativa y pastoral de Don Bosco que decidió gastar su vida “para liberar a los jóvenes de todas las cárceles, las materiales y las de la soledad, de la tristeza, de la ignorancia, de la delincuencia, del extravío, de la desesperación”.
 
La Carta es una obra de arte metodológico: considera a los destinatarios como interlocutores, no como maniquíes, y concentra la reflexión en una propuesta de vida que mira hacia adelante, tiende a construir el futuro desde el momento que en la vida de cada uno lo que ha sido ha sido y el presente vale en la medida en que construye el porvenir. Los jóvenes, en efecto, no se desperdician en el pasado, sino que miran y se detienen en considerar qué futuro los espera. El futuro es una dimensión que desalienta a los adultos, que lo imaginan semejante a su pasado y están menos llevados a renovar y recrear escenarios mejores. Les sucede que desperdician el futuro –les quede mucho o poco- en la espera incierta del final, y ya no proyectan nada. El almendro anuncia la primavera –escribe el P. Chávez- y los jóvenes deben levantar la mirada para captar un sentido nuevo de las cosas. Eso de levantar la mirada se hace mejor en la Iglesia, que es la casa de Dios, “el lugar de la escucha del sufrimiento del hombre, en especial de los jóvenes y de los pobres”. Los pobres son “la tierra santa” de la Iglesia, terreno fecundo para el compromiso juvenil. Y la Iglesia “debe hacer visible, en forma transparente, la belleza y el amor de Dios que quiere vivir en medio de nosotros hoy”.
 
En el primer oratorio de Don Bosco se respiraba la conciencia “de poder cambiar el mundo”, y el amor que unía a sus moradores era ya un signo del cambio del mundo.
Son tiempos difíciles los que ahora todos vivimos, pero es posible soñar. Chávez resume así el sueño actual de su predecesor y fundador: “mi sueño es contemplaros a vosotros, jóvenes del Tercer Milenio, como recurso del presente, desarrollando vuestros talentos y vuestras energías de bien, invertiéndolas en el servicio de los demás, rejuveneciendo así la sociedad y la Iglesia”.  Y el sueño se concreta en el compromiso de toda la Familia salesiana “de ser siempre más clara y explícitamente promotores de la cultura de la vida, contra todo lo que puede amenazarla o disminuirla, portadores del amor de Dios, padres y maestros de espíritu, guías inteligentes y capaces de acompañaros en la búsqueda de proyectos de vida bellos e involucrantes”.
 

La Carta abre un taller exigente para jóvenes y educadores: una grande revisión de vida para salir del genérico vacío de palabras y descubrir qué pasos concretos dar y cuánto cuestan para eliminar del mundo los hechos que conjuran contra las bienaventuranzas evangélicas. Sería un modo efectivo de contestar a una carta y de no interrumpir un difícil diálogo entre generaciones.

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