sábado, 18 de noviembre de 2017
Novena de la Inmaculada 2009
por Dicasterio de la Formación
Propuesta para el 150 aniversario de la Congregación

El esquema propone un camino que la comunidad puede cumplir durante la meditación diaria:

Domingo 29 de noviembre: I domingo de Adviento –Visperas y Adoración Eucarística

Lunes 30 de noviembre: lectio divina sobre la Anunciación I parte

Martes 1 de diciembre: lectio divina sobre la Anunciación II parte

Miércoles 2 de diciembre: lectio divina sobre la Anunciación III parte

Jueves 3 de diciembre: meditación sobre el ”sueño de los nueve años” I parte

Viernes 4 de diciembre: meditación sobre el “sueño de los nueve años” II parte

Sábado 5 de diciembre: todo hermano medita o escribe la memoria de los comienzos de su vocación

Domingo 6: II domingo de Adviento – Vísperas y Adoración Eucarística

Lunes 7 de diciembre: todo hermano dirige o escribe su propia oración a Don Bosco.

 

Antes del 18 de diciembre, fecha de la renovación de la profesión por parte de toda la Congregación, la comunidad organiza un encuentro compartido en el que los hermanos pueden narrar la propia historia vocacional y comunicar lo que más les ha ayudado en la fidelidad.

 

Lunes 30 de noviembre - Lectio divina sobre el Evangelio de la Anunciación -- I parte (Lc 1,26-28)

 

-          Invocación del Espíritu Santo

 

-          Lectura del texto

En el sexto mes, el ángel Gabriel fue mandado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen, prometida esposa de un hombre de la casa de David, de nombre José. La virgen se llamaba María. Al entrar en su casa, le dijo: “Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo”.

 

-          Breves notas para la “lectio”

·         La visita del ángel a María evoca las visitas de Dios a diversas mujeres del Antiguo Testamento: Sara, madre de Isaac (Gen 18,9-15), Ana, madre de Samuele (1 Sam 1,9-18), la madre di Sansón (Jueces 13,2-5). A todas ellas se les anunció el nacimiento de un hijo con una misión importante en la realización del plan de Dios.          

 

·         La narración comienza con la expresión “En el sexto mes”. Es el sexto mes de la gestación de Isabel. La necesidad concreta de Isabel, mencionada al comienzo (Lc 1, 26) y al final de la visita del ángel (Lc 1, 36-39), es el fondo de todo este episodio. La llamada de María se coloca así en el encuentro entre el proyecto eterno de Dios sobre la humanidad y la historia concreta del pequeño mundo familiar al que pertenece, en el encuentro entre el don inimaginable de la vocación a la maternidad divina y la humilde llamada a servir a su parienta anciana.

 

·         “Alégrate”: las palabras del ángel son no sólo un saludo, sino desde el principio un anuncio y una invitación a la alegría, que recoge y lleva a cumplimiento tantas expresiones del A.T.: “No temas, tierra; alégrate y goza, pues el Señor ha hecho obras grandes… (Jl 2, 21-23); “¡Alégrate, hija de Sión, goza, Israel, y alégrate con todo el corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha revocado tu condena” (Sof 3, 14); “Alégrate, goza, hija de Sión, porque yo vengo a vivir en medio de ti, oráculo del Señor” (Zac 2, 14). María es la hija de Sión que recibe el anuncio de la alegría mesiánica, la alegre noticia de que está para cumplirse la venida de Dios entre nosotros.

 

·         “Llena de gracia”: es el nombre nuevo dado a María, el nombre que revela su identidad profunda y su vocación. María está colmada de la bendición divina, su libertad está total y establemente en armonía con el misterio de Dios. Leyendo esta afirmación en la perspectiva de la solemnidad de la Inmaculada, vemos cumplirse en María la figura de la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente (Gn 3,15) y el anticipo de la Iglesia, esposa pura y sin mancha (Ef 5, 26), en la que todo bautizado está llamado a vivir santo e inmaculado en la caridad (Ef 1,4).

 

·         “El Señor está contigo”. Palabras semejantes fueron dichas también a Moisés (Ex 3,12), a Jeremías (Jer 1,8), a Gedeón (Jc 6,12) y a otros hombres y mujeres elegidos por Dios para una misión particular. La presencia de Dios en la vida del llamado es el recurso fundamental con el que él puede contar. En el caso de María, esta presencia de Dios llegará a formar el misterio abismal de la Encarnación, por el que el Hijo de Dios será hijo de María.

 

-          “Meditatio” personal

 

-          “Oratio” personal

 

 

Martes 1 de diciembre Lectio divina sobre el Evangelio de la Anunciación - II parte (Lc 1, 29-33)

 

-          Invocación del Espíritu Santo

 

-          Lectura del texto

29A estas palabras ella se turbó y se preguntaba qué sentido podía tener un saludo como éste. 30El ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. 31Y he aquí que concebirás un hijo, le darás a luz y le llamarás Jesús. 32Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David su padre y reinará para siempre en la casa de Jacob y su reino no tendrá fin”.

 

-          Breves notas para la “lectio”

·         “Ella quedó muy turbada”. Es la turbación que el hombre experimenta en contacto con el misterio de Dios, con sus caminos que no son nuestros caminos, con sus pensamientos que no son nuestros pensamientos. Comienza para María la percepción de deberse entregar a la iniciativa desconcertante de Dios, de deber acoger una propuesta imprevista e imprevisible; comienza para María el escándalo de la fe, que ella deberá vivir antes y más que todo creyente, en su peregrinación interior hasta la noche oscura del Gólgota.

 

·         “Concebirás un hijo …”.  Los vv. 30-33 son el centro del trozo, la explosión del anuncio, la manifestación del don de Dios, de su omnipotencia que obra en la debilidad humana. Las palabras del Ángel se inspiran en varios pasajes mesiánicos del A.T. Se reclama aquí en particular la profecía de Natán de 2 Sam 7, 1ss.: no será David quien hará una casa (un templo) a Dios, sino Dios quien dará una casa (una dinastía) a David. A partir de esta promesa, que sobrepasa la figura de Salomón inmediato sucesor de David, se continúan en el A.T. las diversas profecías sobre el Mesías, hijo de David (Is 7, 14; Miq 4, 14; Ag 2, 23), que llevan a cumplimiento este anuncio a María.

 

·         “Su reino no tendrá fin”: el hijo anunciado a María inaugurará el Reino mesiánico escatológico. La riqueza de este versículo aparece en la vinculación con toda la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios y con los textos del Nuevo Testamento que presentan la regalidad de Cristo (ej. Jn 12, 13-15; 18, 36-37).

 

-          “Meditatio” personal

 

-          “Oratio” personal

 

 

Miércoles 2 de diciembre Lectio divina sobre el Evangelio de la Anunciación - III parte (Lc 1,34-38)

 

-          Invocación del Espíritu Santo

 

-          Lectura del texto

34Y María dijo al ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible”. María contestó: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Y la dejó el ángel.

 

-          Breves notas para la “lectio”

·         “El Espíritu Santo vendrá sobre ti”. La concepción de Jesús es un evento nuevo, la primicia de la futura creación nueva obrada por la potencia engendradora de Dios que viene contra la imposibilidad de concebir de María porque todavía no conoce varón (Lc 1, 34). La sombra que el Altísimo extiende sobre María reclama la nube que de día acompañaba al pueblo en el desierto (Ex 13, 22), que ensombrecía el monte Sinaí revelando la Gloria del Señor durante seis días (Ex 19, 16; 24, 17). Es también un signo de la protección de Dios, concedida al justo que invoca el nombre del Señor y se pone en sus manos durante la prueba (Sal 17, 8; 57, 2; 140, 8). En la creación, el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas, señal de la potencia creadora de la palabra de Dios (Gen 1, 2).

 

·         “He aquí la esclava del Señor”. En el Heme aquí de María resuena el “sí” total e incondicionado de la fe frente a Dios que habla. “Bienaventurada tú que has creído”: así podrá saludar Isabel a la Virgen, que con su obediencia ha dado la vuelta a la desobediencia de Eva. En su “Heme aquí” resuenan las palabras del Salmo 40, 6: “He aquí que vengo”, que la carta a los Hebreos pone ante todo en los labios del Hijo, en el momento de su encarnación. El “Heme aquí” de María aparece así misteriosamente entrelazado con el “Heme aquí” que el Hijo eterno dice mientras asume nuestra humanidad. María usa para sí el título de esclava, sierva del Señor. Este título en Isaías representa la misión del pueblo no como un privilegio, sino como un servicio a los otros pueblos (Is 42,1-9; 49,3-6). Más tarde, Jesús mismo definirá su misión como un servicio: “¡No he venido a ser servido, sino a servir!” (Mt 20,28). 

 

-          “Meditatio” personal

 

-          “Oratio” personal

 

 

 

Jueves 3 de diciembre Meditación sobre el “sueño de los nueve años” - I parte

 

-          Invocación del Espíritu Santo

 

-          Lectura del texto

 

De las “Memorias del Oratorio”

A aquella edad tuve un sueño que quedó profundamente grabado en mi mente para toda la vida.

En el sueño me pareció encontrarme cerca de casa, en un terreno muy espacioso, donde estaba reunida una muchedumbre de chiquillos que se divertían. Algunos reían, otros jugaban, no pocos blasfemaban. Al oír las blasfemias, me lancé inmediatamente en medio de ellos, usando los puños y las palabras para hacerlos callar.

En aquel momento apareció un hombre venerando, de aspecto varonil y noblemente vestido. Un blanco manto le cubría todo el cuerpo, pero su rostro era tan luminoso que no podía fijar la vista en él. Me llamó por mi nombre y me mandó ponerme a la cabeza de los muchachos, añadiendo estas palabras:

- No con golpes, sino con la mansedumbre y con la caridad deberás ganarte a estos tus amigos. Ponte ahora mismo, pues, a instruirlos sobre la fealdad del pecado y la belleza de la virtud.

Aturdido y espantado, repliqué que yo era un niño pobre e ignorante, incapaz de hablar de religión a aquellos muchachos; quienes, cesando en ese momento sus riñas, alborotos y blasfemias, se recogieron todos en torno al que hablaba.

Sin saber casi lo que me decía, añadí:

- ¿Quién sois vos, que me mandáis una cosa imposible?

- Precisamente porque tales cosas te parecen imposibles, debes hacerlas posibles con la obediencia y la adquisición de la ciencia.

- ¿En dónde y con  qué medios podré adquirir la ciencia?

- Yo te daré la maestra bajo cuya disciplina podrás llegar a ser sabio, y sin la cual toda sabiduría se convierte en necedad.

- Pero, ¿quién sois vos que me habláis de esta manera?

- Yo soy el hijo de aquella a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día.

- Mi madre me dice que, sin su permiso, no me junte con los que no conozco. Por tanto, decidme vustro nombre.

- El nombre, pregúntaselo a mi madre.

 

-          Esbozo para la meditación personal

·         Él me llamó por mi nombre y me mandó ponerme a la cabeza de los muchachos.

¿Tengo conciencia de haber sido llamado por Cristo a este particular estado de vida? ¿Vivo en profunda gratitud por este camino a la santidad que Dios ha pensado para mí? ¿Dedico mi tiempo y mis fuerzas a la misión salesiana que se me ha confiado?

 

·         Precisamente porque tales cosas te parecen imposibles, debes hacerlas posibles con la obediencia y la adquisición de la ciencia.

¿Soy consciente de que para vivir, para corresponder a mi vocación cristiana y religiosa tengo absoluta necesidad de la ayuda misericordiosa de Dios? ¿Hago del coloquio con el Superior un momento privilegiado de diálogo por mi bien y por el bien de la comunidad? ¿Me preocupo de conservar, mejorar y actualizar mi competencia educativa y pastoral?

 

·         Yo te daré la maestra bajo cuya disciplina podrás llegar a ser sabio, y sin la cual toda sabiduría se convierte en necedad.

¿Sé dar a la Madre de Dios un puesto singular en mi vida de apóstol salesiano? ¿Le rezo con gusto el Rosario? ¿Acudo con confianza a María Santísima que quiere con corazón de madre formar a Cristo en mí?

 

Viernes 4 de diciembre Meditación sobre el “sueño de los nueve años” - II parte

 

-          Invocación del Espíritu Santo

 

-          Lectura del texto: De las “Memorias del Oratorio”

En ese momento, junto a Él, vi a una mujer de aspecto majestuoso, vestida con un manto que resplandecía por todas partes, como si cada opunto del mismo fuera una estrella muy refulgente. Contemplándome cada vez más desconcertado en mis preguntas y respuestas, hizo señas para que me acercara a Ella y, tomándome bondadosamente de la mano, me dijo: -  Mira.

Al mirar, me di cuenta de que aquellos chicos habían escapado y, en su lugar, observé una multitud de cabritos, perros, gatos, osos y otros muchos animales.

- He aquí tu campo, he aquí donde tienes que trabajar. Hazte humilde, fuerte, robusto; y cuanto veas que ocurre ahora con estos animales, lo deberás hacer tú con mis hijos.

En tal instante, siempre en sueños, me eché a llorar y rogué al hombre me hablase de forma que pudiera comprender, pues no sabía qué quería explicarme.

Entonces Ella me puso la mano sobre la cabeza, diciéndome:

- A su tiempo lo comprenderás todo.

Dicho lo cual, un ruido me despertó.

Quedé aturdido. Sentía las manos molidas por los puñetazos que había dado y dolorida la cara por las bofetadas recibidas.

 

-          Esbozo para la meditación personal

·         He aquí tu campo, he aquí donde debes trabajar.

¿Da sentido a toda mi vida el amor a los jóvenes? ¿Soy para ellos padre, hermano y amigo? Practico el cariño y el espíritu salesiano?

 

·         Hazte humilde, fuerte, robusto; y cuanto veas que ocurre ahora con estos animales, lo deberás hacer tú con mis hijos.

¿Soy dócil al Espíritu Santo desarrollando las actitudes y los dones de su gracia? ¿Estoy convencido de que la vida consagrada exige de mí una continua renovación y una conversión continua? ¿Está mi vida dominada por el sentido pastoral y por la pasión apostólica?

 

*  A su tiempo, todo lo comprenderás.

¿Vivo siempre realmente lanzado hacia mi meta definitiva? ¿Pongo la Palabra de Dios y los sacramentos en el centro de mi vida espiritual? ¿Tengo confianza en que las semillas esparcidas en el campo del Reino de Dios producirán frutos de salvación?

 

Sabato 5 de diciembre

Todo hermano, después de haber meditado sobre la llamada de la Virgen Inmaculada y sobre el sueño vocacional de Don Bosco, está invitado a repensar cuándo advirtió la voz de Dios que lo llamaba a la vida salesiana, para prepararse a revivir con intensidad la renovación de los votos del 18 de diciembre. Puede hacer esto reflexionando o poniendo por escrito los recuerdos de la propia llamada: momentos que le han iluminado, personas significativas, experiencias que le han llevado a la decisión... En efecto, somos conscientes del valor que en la Biblia tiene el “hacer memoria” como nutrimento para la fe.

 

Lunes 7 de diciembre

Todo hermano puede formular,incluso escribiendo, una oración propia a Don Bosco, expresando la propia gratitud por lo que ha recibido de Dios a través de la experiencia del Fundador.

Dosatic S.L. © 2017
Site desarrollado por DYNAMO 3.0